– Yo siempre supe que la familia te importaba mucho.

Laura se levantó, sin dejar de dar golpecitos a Archie, pero obviamente demasiado nerviosa para seguir en la mecedora.

– No, creo que no lo sabes. Pienso que los dos nos lo hemos pasado de maravilla siendo egoístas, abrazados como si nada más en la vida existiera. Eso es jugar al amor. No creo que ninguno pudiera haber aguantado mucho tiempo así.

Will sintió como si el suelo se moviera bajo sus pies y él no pudiera encontrar el fondo. Laura no había dicho exactamente que todo había terminado entre ellos, pero Will tendría que ser tonto para no darse cuenta de lo que significaban sus palabras.

Estaba dispuesto a enfrentarse a todas las sensaciones desagradables que tenía sobre la familia y los hijos. Antes o después. Simplemente siempre había tenido miedo de tener un hijo sin estar antes seguro de que no era un mal padre como los suyos. Posiblemente nadie en la vida obtenía esas garantías.

– Laura, no estábamos hablando de nosotros. Estábamos hablando de ti y de Archie, de que no te unas demasiado al niño y luego sufras…

El bebé lo interrumpió con un sonoro eructo.

– Voy a sufrir, Will, si sigo enamorándome más y más de ti, y jugar a amar es lo único que tú siempre has tenido en la cabeza.

Eso le dolió mucho.

– Nunca he jugado contigo.

– No creo que fuera intencionado, pero si somos sinceros, siempre me incomodó tu actitud hacia el dinero -levantó la barbilla y lo miró a los ojos-. Nunca estaba segura si estabas o no jugando. Hacías cosas muy románticas y generosas, Will, pero siempre tenía miedo de que intentaras comprar mi afecto, o que intentaras comprar cosas en lugar de sentimientos.

Diablos, ¿cómo se había deteriorado eso tanto? Laura no dejaba de decir insensateces. ¿De pronto hablaban de dinero?

– Nunca intenté comprar tu afecto.



43 из 58