
Deseó con todas sus fuerzas que hubiese permanecido allí y no a cuatro metros de distancia. Si él la reconocía, quedaría destruido todo aquello por lo que tanto había trabajado.
Su instinto le pedía a gritos que huyese, pero permaneció donde estaba. Como si estuviese atrapada en una horrible pesadilla que avanzase despacio, su mirada vagó por la silueta de él. Iba vestido de forma impecable, con traje negro de etiqueta, y su cabello oscuro brillaba al resplandor de las docenas de velas de vacilante llama de la araña que colgaba del techo. Llevaba en la mano una copa de champán, y la joven se estremeció; se pasó las palmas húmedas por los brazos mientras recordaba con todo detalle la fuerza de aquellas manos grandes que la agarraron y le impidieron escapar. Por necesidad, había aprendido de muy joven a dominar sus miedos, pero aquel hombre la había alarmado y acobardado como nadie lo había hecho jamás, ni antes ni después de su único encuentro.
Las cartas la habían avisado una y otra vez sobre él -el extraño moreno con los ojos de un intenso color verde que haría estragos en su existencia- años antes de que lo viese aquella primera vez. Las cartas también habían predicho que algún día volvería a verlo. Por desgracia, las cartas no la habían preparado para que algún día fuese aquel preciso momento.
Alzó la vista y observó con una tremenda sensación de alarma cómo la mirada de él recorría despacio la multitud. En cuestión de segundos esa mirada caería sobre ella.
– ¿Se encuentra bien, madame Larchmont? Se ha puesto pálida como la cera.
La voz de lady Miranda obligó a Alex a apartar su mirada del hombre. La joven la observaba con los ojos entornados.
Antes de responder, Alex buscó en su interior esa expresión inescrutable que tan buenos resultados le había dado siempre.
– Estoy un poco acalorada, cosa que por desgracia interrumpe mi energía psíquica -dijo con voz bien modulada, en un tono sereno perfeccionado tiempo atrás que no dejaba entrever su agitación interior-. Un poco de aire me sentará bien y me permitirá volver a comunicarme con los espíritus. Si me disculpa…
