– Bueno, eres un alumno aplicado. ¡Nunca me pude imaginar que te vería cambiando pañales! -respondió Ellie.

– Me lo figuro -Jack hizo una mueca-. Si me llegas a preguntar hace dos meses que si quería hijos, habría contestado que ¡ni loco! Pero en el momento en que Clare dejó a Alice en mis brazos me sentí perfectamente -acarició el pelo rubio de Alice con tal ternura que Ellie sintió que las lagrimas acudían a sus ojos-perfectamente pero asustado. Nunca había sido responsable de nadie. Es tan pequeña e indefensa… Me da terror no ser capaz de cuidarla adecuadamente.

– Por supuesto que podrás -contestó Alice con decisión-. ¡Mírala, es maravillosa!

Alice, como si hubiese entendido, miró a Ellie con una sonrisa de oreja a oreja.

– ¿Quieres sujetarla tú? -le ofreció Jack.

– Me encantaría.

Alice resultaba cálida y mullidita, y Ellie la acunó mientras se deleitaba con su suave olor a bebé.

– Me encantan los bebés -confesó sonriendo-. ¿Qué tiempo tiene?

– Diez meses -de repente la expresión de Jack se entristeció-. He pasado mucho tiempo sin ella.

– Lo estás recuperando -contestó Ellie amablemente-. Está sana y protegida, y es feliz. No se puede pedir más.

– Eso se lo debe a Clare -Jack no estaba preparado para que lo tranquilizaran-. Ella estuvo todo el tiempo con Alice, y me preocupa que yo no pueda hacer lo mismo. Con Gray ausente, no puedo ocuparme de la finca y de Alice a la vez. Lizzy se ha portado maravillosamente, pero no puedo pedirle que se quede mucho tiempo. Sé que quiere montar un negocio propio y tiene que ir pensando en volver a Perth.

– Estoy segura de que se quedará hasta que vuelva Clare. No creo que vaya a tardar mucho.



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