
Ellie, al observar los torpes intentos por quitarle los pañales sucios y ponerle unos limpios mientras Alice jugueteaba, pensó que nunca lo había tenido tan cerca ni, paradójicamente, tan lejos de su alcance. Era difícil imaginar al gran Jack cambiando pañales, pero una vez las preocupaciones de la paternidad habían diluido el aire sofisticado que lo acompañaba en el pasado, tampoco había más probabilidades de que se fijara en ella que antes, cuando él era el centro de todas las miradas.
Debería aceptar que solo sería una amiga para Jack. Y las amigas estaban para echar una mano.
Sin decir una palabra, Ellie se levantó y le quitó a Jack el pañal sucio, lo tiró y puso el limpio en su sitio.
– ¿Cómo lo haces para que parezca tan fácil? -preguntó él mientras peleaba con los corchetes del pijama.
– Cuestión de práctica -se rio Ellie-. Siempre he ejercido de tía, al revés que Lizzy. Además, cuando estuve en Estado Unidos cuidé bastantes bebés. Llegó un momento en que podía cambiar los pañales con los ojos cerrados.
– Yo tengo esa misma sensación -reconoció Jack con cierta tristeza-. ¡ Solo que lo hago mucho peor que tú! -Alice se agarró de sus dedos y él tiró hasta que se sentó-. No tenía ni idea de lo agotador que puede ser cuidar un bebé -continuó mientras miraba a Ellie por encima de la cabeza de Alice-. Tenía la ligera idea de que había que darles un biberón de vez en cuando y que el resto del tiempo lo pasaban dormidos. Ahora he aprendido un poco, ¿verdad? -le dijo a Alice, quien le contestó con unos gorgoritos, se soltó de sus dedos y se agarró de la camisa, utilizándolo de apoyo para ponerse de pie con un gritito de satisfacción-. Creo que nunca había estado tan cansado como este último mes -Jack estaba preparado para agarrar a Alice cuando perdiera el equilibrio-; he tenido un curso acelerado de paternidad, y ni siquiera he pasado todo el día ocupándome de ella. En realidad ha sido Lizzy quien se ha ocupado.
