
La miró con una sonrisa aduladora que echó por tierra cualquier resistencia. No era justo que le sonriera de esa forma, pensó Ellie, y abrazó a Alice como para protegerse de la fuerza de su encanto. Si fuese sensata, le diría que estaba muy ocupada. Asimilaría que Jack no iba a amarla nunca y se marcharía para conseguir olvidarlo. De una vez por todas dejaría de torturarse y evitaría que la volviese a absorber la espiral del deseo secreto. ¿Pero se podía resistir a la perspectiva de pasar un día con él? ¿Qué tenía de malo si lo único que quería era alguien que pudiese conducir un camión y entendiera de ganado? Por primera vez durante años de sueños sin esperanza, tenía la oportunidad de estar con Jack y saber que la quería con él. Así que, ¿dónde estaba su sensatez?
– Vamos -dijo Jack-, te lo pasarás bien.
Ellie sucumbió a la tentación, tal y como sabía que iba a ocurrir.
– De acuerdo -dijo-, me encantará ir.
CAPÍTULO 2
BUENO, ¿qué te parece? Ellie dudó. Había un par de sillas en el porche de Waverley, pero estaban tan viejas y desvencijadas que ella y Jack se habían sentado en los escalones del porche. Pensó en la casa que acababan de ver, cada cuarto más sucio y deprimente que el anterior, en los patios llenos de matojos, en la vallas rotas y en los establos derruidos.
– Es una… tarea difícil -dijo por fin.
Jack no pudo evitar una sonrisa ante la delicadeza de su respuesta.
– Crees que estoy loco por considerarlo, ¿verdad?
– No -contestó sorprendentemente-. Ha debido de ser una finca muy bonita y podría volver a serlo, pero llevará muchísimo trabajo.
– Eso no me importa, mientras trabajas no tienes tiempo para pensar.
Ellie asintió con la cabeza, sus ojos estaban puestos en el molino roto.
– A veces es más fácil así.
