
Las palabras de Jack fueron un mazazo para Ellie, pero sabía exactamente cómo se sentía. Había intentado enamorarse de otros hombres por todos los medios, pero en el fondo sabía que era inútil. No importaba lo atractivos o encantadores que fuesen, nunca se podrían comparar con Jack.
– Claro que lo entiendo -dijo ella tranquilamente.
Él la miró con ojos tristes y una sonrisa congelada.
– Es como si estuviésemos en el mismo barco.
– Tú, por lo menos, tienes los recuerdos y a Alice -«yo solo tengo mis sueños», se dijo a sí misma con amargura.
– Sí, tengo a Alice -Jack suspiró y se levantó, impaciente-, y por Alice tengo que olvidarme de cómo me siento e intentar encontrar a alguien para casarme. Si no lo hago, crecerá rodeada de toda una serie de amas de llaves. Necesita una madre, no alguien que esté unas semanas o unos meses hasta que se aburra de este tipo de vida.
– Tampoco tiene que ser así necesariamente.
– No -admitió-, pero es lo más probable. Ya sabes lo difícil que es encontrar alguien de confianza para que se quede en el campo. Cualquiera con dos dedos de frente que viese esta casa se volvería corriendo a la ciudad. Me parece que comprar Waverley Creek no es una buena idea. Es una buena finca, o podría serlo, pero es posible que para Alice lo mejor sea quedarse en Bushman's Creek.
– Pero tú no quieres -objetó Ellie.
– No, claro que no. Además, sería injusto con Gray y Clare. Pero la única alternativa es encontrar una mujer… ¿y dónde voy a encontrar a alguien capaz de aceptarme a mí, a Alice y al fantasma de Pippa?
Hablaba de espaldas a Ellie, lo hacía más consigo mismo que con ella. Esta lo miró con una mezcla de placer y dolor. Recorrió con los ojos sus anchas espaldas, sus delgadas caderas y sus interminables piernas.
