
– Bueno… -Jack agarró la cerveza y la volvió a dejar. Se sentía ridículo e incómodo. Menos mal que solo le había dado un besito en la mejilla. Evidentemente solo había un hombre al que ella quería besar; y no era él-. Bueno -repitió-, ¿cuándo nos casamos?
– En cuanto lo organicemos -Ellie intentó parecer natural-. Salvo que prefieras esperar -añadió con una consideración forzada.
Jack negó con la cabeza.
– Lo mejor será que lo resolvamos lo antes posible -Jack había hablado sin reflexionar, pero cuando vio la expresión de Ellie se arrepintió de no haber elegido mejor las palabras. Su matrimonio podía ser una cuestión de conveniencia, pero tampoco había necesidad de dejar tan claro que le daba pavor-. Me imagino que preferirás un boda tranquila -dijo para romper la tensión.
– Sí, me gustaría, pero me temo que va a ser muy difícil. Ya sabes cómo son mamá y Lizzy. Nunca me perdonarían que no hiciese una boda como Dios manda; además, les extrañaría. Y no quiero que sepan por qué nos casamos. Se llevarían un disgusto enorme si supieran la verdad. Ya va a ser bastante difícil convencer a Lizzy. Sabe lo que sientes por Pippa y creo que intentaría disuadirme por todos los medios si sospechase que esto no es un matrimonio auténtico.
– Seguramente tienes razón -Lizzy y él eran amigos desde hacía mucho tiempo, y era la única persona que podría sospechar que no eran una pareja normal. Miró a Ellie- Deberemos fingir que estamos enamorados.
– ¿Te costará mucho? -preguntó incómoda-. Me… me puedo imaginar lo difícil que te resultará.
– Y a ti.
Se hizo un silencio. Ellie no podía mirar a Jack. Él no podía saber que para ella lo más difícil era fingir que estaba fingiendo.
