
– En realidad, será solo durante la boda -dijo Ellie.
Jack se fijó en su perfil.
– Creo que podré soportarlo… si tú puedes.
Ellie lo miró atentamente. Jack tenía una expresión indescifrable y ella se dio cuenta de que no podía apartar la mirada. No podía hablar, ni moverse, tan solo podía permanecer de pie mirándolo, con el corazón latiendo con tanta fuerza que estaba segura de que Jack lo oiría.
«Lo sabe», pensó aterrorizada. «¿Cómo no va a saberlo si lo llevo escrito en la cara? ¿Y si esa extraña expresión significa desasosiego o, peor aún, lástima?».
Ellie hizo un esfuerzo enorme y miró hacia otro lado.
– Lo… lo intentaré -dijo con voz entrecortada.
– Ellie… -contestó Jack, pero se detuvo sin saber cómo seguir.
«Dios mío, va a decirme que se ha dado cuenta», pero antes de que él pudiese terminar, Alice tiró la taza con un grito de placer. Ellie, temblorosa, pero muy agradecida por el alivio y la excusa para ocultar la cara, se agachó para recoger la taza y, lentamente, volvió a dejarla en la mesa. Cuando se levantó de nuevo vio que Jack ya tenía a su hija en brazos.
– ¿Le parecerá bonito a la señorita? -dijo con una mueca burlona.
Todo parecía tan normal que Ellie empezó a pensar que se había imaginado la mirada tan intensa que se habían cruzado. El no podía saber que ella estaba enamorada; si lo supiera, no estaría jugando tranquilamente con Alice. Se sentó con la sensación de que era tonta. Ni siquiera sonrió cuando Jack se sentó a su lado con Alice sobre las rodillas.
– ¿Qué vas a decirles a Clare y Gray?
Jack tardó en contestar.
– Me gustaría decirles la verdad. No quiero que Clare piense que he olvidado a Pippa tan pronto. ¿Te importa?
Ellie negó con la cabeza.
– ¿Crees que entenderá por qué te casas?
– Clare quiere lo mejor para Alice y nuestro matri monio lo es -Jack parecía muy convencido -. Es encantadora, te gustará.
