– Tenía muchísimas ganas de conocerte. Jack nos ha contado cuánto has trabajado en Waverley Creek. Parece que Alice también se alegra de verte -dijo, mientras el bebé daba unos grititos de alegría.

Los ojos de Alice eran idénticos a los de su padre y su sonrisa era irresistible. Ellie se acercó para darle un beso y acariciar su cabello rizado. Todavía sonriente, levantó la mirada y vio que Jack y Clare la observaban. Clare también sonreía, aunque con cierta tristeza, pero la expresión de Jack era sombría, casi hostil.

– Voy a echarle una mano a Gray -murmuró, y se fue:

Clare notó el dolor en los ojos de Ellie, pero no dijo nada. Rompió el tenso silencio con un halago para el vestido.

– Tiene un color maravilloso.

Ellie forzó una sonrisa.

– No estoy muy acostumbrada a llevar vestidos. Jack casi no me reconoce con piernas.

Hizo un esfuerzo por parecer natural, pero el comportamiento de Jack la había herido y desconcertado. Evidentemente, le espantaba el vestido. Podía notar su incomodidad y cómo la había evitado. La había mirado como si le disgustara, nunca la había mirado así. No era propio de él ser descortés, a lo mejor estaba enfermo. ¿Habría cambiado de idea?, ¿habría dicho ella algo que lo enfadara? Pero, ¿qué? Tan solo se había puesto un vestido. Jack era un seductor consumado, siempre tenía un halago para ablandar los corazones más duros. «Estas bien», era lo único que se le había ocurrido decirle a ella.

– Siéntate -Clare parecía no darse cuenta de lo que pasaba por la cabeza de Ellie-. No te importa que termine, ¿verdad?

– Claro que no -hizo un esfuerzo por reponerse y se sentó.

– Me alegro mucho de conocerte por fin. Jack y Lizzy me han hablado mucho de ti.

– Me había olvidado de que conoces a Lizzy.

– Cuando la conocí, me sentí muy celosa. Sabía que había estado con Gray durante algún tiempo y es tan guapa y divertida que estaba segura de que seguiría enamorado de ella. Estaba dispuesta a odiarla, ¡pero no pude!



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