
– Sí, perfectamente.
– ¿Te ha importado besarme?
– Claro que no -dijo Ellie con una sonrisa muy poco convincente-. Al fin y al cabo, soy yo quien quiere convencer a mi familia. Es parte del trato.
El trato. El motivo por el que se iban a casar. El motivo por el que ella estaba allí. El motivo que había olvidado mientras la besaba.
– Es verdad, el trato -dijo Jack con una voz inexpresiva. Se apartó y ella se marchó.
CAPÍTULO 5
EL FIN de semana siguiente Jack no quería ir a la fiesta de compromiso. Había estado toda la semana de un humor de perros. Él había sido el culpable del beso. Al principio le había parecido una buena idea, pero no había calculado que pudiera llegar a tenerlo presente en todo momento. Estaba desconcertado porque Ellie se le aparecía en los momentos más inesperados: su vestido rojo, sus piernas esbeltas, la dulzura de sus labios; a veces las manos de Jack sentían su piel a través del vestido. Cuando ocurría eso, intentaba apartar el recuerdo de su mente. Es Ellie, nada más, se intentaba convencer con demasiada frecuencia. Había besado con más pasión a mujeres mucho más hermosas. No había ningún motivo para que ese beso lo hiciera sentirse desasosegado. Ni siquiera parecía que hubiese impresionado mucho a Ellie. Solo era parte del trato.
Jack iba sentado en el asiento de atrás con Alice, mientras Gray y Clare charlaban animadamente camino de la fiesta. Durante la semana había estado a punto de llamar a Ellie varias veces para cancelarlo todo, pero cada vez que descolgaba el teléfono se acordaba de Alice. Alice, la hija de Pippa. Alice necesitaba una madre y por eso se casaba con Ellie. Estaba haciendo lo que tenía que hacer, se dijo a sí mismo mientras miraba a su hija dormida. Solo esperaba no haberlo estropeado todo con el beso.
