A Ellie no le importaba que no hubiese estrellas ni que el escenario de su primer beso no fuese muy romántico. No le importaba estar en un patio polvoriento, ni que Jack no le hubiese hecho caso durante todo el día, ni que para él ese beso no fuese más que un divertido ensayo. Solo le importaba que era su turno, que sus brazos la rodeaban y que sus labios la besaban.

Ellie no llegó a saber cuánto había durado el beso. Pudo ser un segundo o una hora. Todo lo que llegó a saber fue que había sido demasiado corto. Cuando Jack la soltó, se apoyó temblorosamente en la puerta del coche, insensible a todo lo que la rodeaba. Todo giraba a su alrededor. Jack se repuso primero.

– ¿Crees que habría convencido a Lizzy? -intentó parecer despreocupado, pero la voz le salió entrecortada.

– Espero que sí -contesto Ellie. Casi la había convencido a ella misma. Buscó el tirador de la puerta sin poder mirarlo a los ojos y se subió al coche-. Será… será mejor que me vaya -consiguió balbucir.

Jack observó cómo se sentaba y metía la llave con torpeza. Todavía estaba desconcertado, todavía sentía la dulzura de sus labios y la frescura de su cuerpo. Habría querido besarla otra vez, pero sus ojos tenían una expresión tan dura y se había metido en el coche tan rápidamente que, por primera vez, dudó de que le hubiese gustado el beso. Cerró la puerta y se apartó.

Ellie, consciente de que la estaba mirando, se puso nerviosa y le costó Dios y ayuda arrancar el coche, pero al final lo consiguió y lo miró convencida de que estaría riéndose de su atolondramiento.

Jack no se reía. La miraba con una expresión ligeramente preocupada, que se disipó cuando ella bajó la ventanilla para despedirse.

– ¿Les comentarás a Gray y Clare lo de la fiesta? -dijo un poco envarada.

– Desde luego -contestó Jack, también tenso. Dudó, le preocupaba la palidez de su rostro y la rigidez con que agarraba el volante-. ¿Te encuentras bien? -preguntó cambiando el tono.



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