
– Coquetear con todo el mundo es una forma muy curiosa de demostrar a tus padres que tu compromiso te hace feliz -dijo Jack sin ninguna consideración.
Era tan injusto que Eilie sin quedó sin respiración por un momento.
– ¿Coquetear…? -dijo con un hilo de voz-. ¡No he coqueteado con nadie!, ¡no sabría ni cómo hacerlo!
– Yo no diría lo mismo -dijo Jack con una sonrisa burlona-. Es más, creo que eres una artista de la imagen inocente y desvalida. Nadie te podrá acusar de haber elegido a alguien en concreto, aunque yo creo que ese era tu propósito. ¡Yo he debido ser el único hombre con el que no has coqueteado!
– Quizá lo hubiese hecho si te hubieses acercado a mí -dijo Ellie fuera de sí-. Evidentemente tenías mejores cosas que hacer. ¡Me sorprende que te dieses cuenta siquiera de lo que hacía!
– ¡Desde luego que me di cuenta!
Jack miró a Ellie con fiereza, pero aun así su presencia lo turbaba. El vestido rojo era como una llamarada en la sombra, sus verdes ojos lo miraban con furia y todo en ella era intenso, de una intensidad impresionante. De repente, el recuerdo del beso se apoderó de Jack. Se levantó bruscamente y se apoyó en la barandilla del porche, de espaldas a Ellie.
– Se supone que estarnos comprometidos.
– ¡Todavía te acuerdas…! -Ellie no había discutido con Jack jamás en su vida y comprobar que podía enfadarse con él le resultaba estimulante-. ¡A lo mejor eso explica por qué me has evitado todo el rato y has prestado tanta atención a todas tus ex novias!
Jack apretó los dientes.
– Solo me he reencontrado con viejos amigos.
– Qué curioso que todos tus viejos amigos sean jóvenes, mujeres y muy guapas.
Ser sarcástica no era el estilo de Ellie y a Jack no le gustaba nada. Se dio la vuelta para mirarla.
