– No seas ridicula, he hablado con casi todo el mundo, algo que tú no has hecho. He sido amable con tus tías, le he dado la razón a tu padre y he sufrido un interrogatorio de tu madre y Lizzy. Habría hablado contigo, pero no he podido acercarme en todo el día. ¡Tendría que haberme peleado con todos esos hombres deseosos de echarte una mirada vestida con ese traje!

El silencio se podía cortar con un cuchillo. Se miraban con desprecio, aunque ambos estaban impresionados por la discusión que se había organizado y porque se les había escapado de las manos.

– Él está aquí, ¿verdad? -preguntó Jack con otra voz.

– ¿Quién…?

– El hombre del que estás enamorada.

Ellie lo miró y suspiró.

– Sí -contestó después de un rato.

– Estaba seguro -dijo Jack sin mirarla-. Es como si alguien te iluminara. A Pippa le pasaba lo mismo. Decía que era porque sabía que yo estaba cerca.

Ellie no quería oír hablar de Pippa. Se levantó y se acercó a Jack.

– En efecto, eso es lo que pasa.

– ¿Está casado?

– No quiero hablar de eso.

– Todos los hombres solteros de la región estaban como moscones a tu alrededor -insistió Jack-. No había ni uno solo que no hubiese saltado ante la más mínima posibilidad de bajarte la cremallera. Podrías haber elegido el que quisieras, así que debe ser otro.

– Jack -Ellie apretó los dientes y habló muy despacio-, no voy a hablar de eso.

– No se lo diré a nadie, solo quiero saberlo.

– No te importa.

– ¡Cómo que no!, nos vamos a casar.

– Hicimos un trato -dijo con frialdad-. Te expliqué la situación y dijiste que la entendías. No puedo contarte nada más.

– ¿Eso es todo…? -Jack la miraba con una mezcla de desconcierto y frustración-. ¿Tengo que aguantarme cada vez que te ilumines porque ese tipo está en la misma habitación que tú?

En ese momento un sonido de tacones anunció que Lizzy se acercaba.



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