
– Hasta el miércoles.
Ellie observó cómo se metía con Alice en el coche sin ni siquiera volverse para mirarla. Se quedó un buen rato de pie viendo cómo se iban y, cuando se dio la vuelta, comprobó que Lizzy también estaba ahí mirándola con una expresión muy rara.
– ¿Qué? -dijo Ellie a la defensiva, aunque Lizzy no había dicho nada.
– Me estaba acordando de que me quedé horrorizada cuando me dijiste que te ibas a casar con Jack -dijo Lizzy-. Creía que os casabais por un motivo equivocado y, cuando he visto lo fríamente que os habéis felicitado, me he convencido de ello, dijeses lo que dijeses. Pero cuando os he visto discutir he comprendido que estaba equivocada y que tú tenías razón.
– ¿En serio? -Ellie miraba a su hermana sin saber muy bien de lo que estaba hablando.
– Desde luego… cuando entré estabais discutiendo de verdad. Y eso es una señal muy buena.
– ¿Tú crees?
– Venga Ellie, no habías discutido jamás en tu vida; y creo que no había visto nunca a Jack tan enfadado. No habríais discutido de esa forma si no hubiese algo especial entre vosotros. Para discutir así con alguien te tiene que importar mucho; y para besarlo de esa forma… -sonrió un poco pensativa-. ¡Ojalá encontrase yo a alguien así, que me besase sin importarle lo que tiene alrededor! Creo que tienes mucha suerte, Ellie.
– Lizzy… -Ellie empezó a hablar, pero se calló. Había estado a punto de decirle la verdad. Pero su hermana parecía tan feliz que no quiso decepcionarla.
Se giró y vio cómo se alejaba el coche con Jack dentro.
Sus labios todavía temblaban por el beso y su cuerpo todavía se estremecía. Quizá no hubiese sido como ella quería, pero por lo menos la había besado. Podía haberse quedado trabajando en la ciudad y añorando el campo, pensó Ellie. Podía haber estado en la fiesta de compromiso de Jack con otra mujer que sería la madre de Alice. Pero, no. Se iba a casar con Jack y viviría en Waverley con él. No era todo lo que ella quería, pero era bastante. Era suficiente.
