
Jack pasó a recogerla el miércoles a primera hora.
– Hola Ellie.
– Hola -dijo, muy animada mientras hacía muchos aspavientos con el cinturón de seguridad para no tener que mirarlo directamente a los ojos.
Se había propuesto actuar con naturalidad. Había meditado mucho desde la fiesta. El beso permanecía en su memoria intacto y perturbador. Seguía molesta por lo traicioneramente que había respondido su cuerpo. Solo tenía que fingir que en la fiesta no había pasado nada fuera de lo normal, que él no la había besado y que ella no le había correspondido con ese anhelo. Muy fácil de decir, pero no de hacer, porque en cuanto él aparecía su cuerpo dejaba de escuchar a su mente.
La presencia de Jack la atormentaba. Sentía ese nudo en el estomago tan conocido, la misma sacudida que notaba siempre que lo veía, siempre que se acordaba de su sonrisa o de la forma en que se ponía el sombrero.
Él parecía concentrado pilotando la avioneta. Ellie aprovechó la situación para mirarlo de reojo Estaba tranquilo; sus manos, firmes y seguras sobre los mandos; sus ojos, fijos en el panel. Todo le resultaba familiar, las arrugas de los ojos, sus facciones angulosas su boca. Pero ya sabía lo excitantes que eran esos labios cuando besaban los suyos, la fuerza que tenían esas manos y lo duro que era su cuerpo. Todo era ya diferente.
CAPITULO 6
APARTÓ su mirada de Jack y trató de encontrar algo que decir.
– ¿Has… has traído más pintura para el cuarto de baño? -no era la mejor forma de empezar una conversación, pero era todo lo que se le ocurrió.
– Suficiente para eso y para terminar el cuarto de Alice.
Jack agradecía mucho a Ellie que hubiese roto el silencio. Hablaron un rato de la decoración y, cuando se terminó la conversación, comentaron lo mucho que había llovido y la cantidad de agua que llevaban los arroyos. Incluso hablaron de instalar un generador y de la gasolina que necesitaba. Pero llegó un momento en el que Jack no pudo resistir más y, en medio de una conversación, se paró bruscamente.
