– ¿Me estás diciendo que tú sí has cambiado de parecer?

– ¡No! -desde luego que había cambiado de idea, muchas veces, pero todas había rectificado. Se sentía incomodo cada vez que se acordaba de la fiesta. Lo desconcertaba la reacción que había tenido con Ellie. Clare y Gray no se habían fijado en que hubiese estado con todos esos hombres, pensaban que eran imaginaciones suyas. Entonces…, ¿por qué se imaginaba algo si no estaba celoso? No podía estar celoso de Ellie. Puede que estuviese cansado, aturdido, nervioso, pero celoso… imposible. Ellie era, simplemente Ellie. O, más bien, lo era hasta que se puso ese vestido, recordó sombríamente. Cuando esa mañana la había visto con sus vaqueros y su camisa usada se había sentido más tranquilo, pero también un poco violento. Parecía mentira que se hubiese puesto así con la hermana pequeña de Lizzy- Lo que quiero decir es que no tienes que hacer nada que no quieras hacer. Ya sé que sería muy embarazoso cancelar la boda cuando la acabamos de anunciar, pero encontraríamos alguna excusa.

– No quiero cancelar la boda -dijo Ellie rápidamente, sin dejar que Jack comentara a fondo toda la cuestión-. Yo tampoco he cambiado de idea -respiró hondo-. Y también te debo una disculpa. Se necesitan dos para discutir, y para besarse. Cuando las cosas se nos fueron de las manos en la fiesta tuve tanta culpa como tú. Quizá deberíamos olvidarnos de todo.

Jack la miró agradecido.

– Si tú quieres olvidarlo, yo también.

«¿Olvidarme de la forma en que me besó?, ¡ni soñarlo!», pensó Ellie.

– Por lo menos hay algo que sacaremos en claro de la fiesta -dijo ella con una sonrisa-. Convenció a Lizzy de que somos una pareja de verdad.

– ¿En serio?

– A mí también me sorprendió. Pero Lizzy piensa que la discusión que tuvimos es una buena señal; no sé bien por qué. ¡Incluso dijo que nos envidiaba!

Jack no creía que hubiese nada envidiable en su situación.



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