No sabía cuánto tiempo había estado dentro de la casa, pero ahora el cielo estaba negro como el carbón.

Era normal que le temblasen un poco las manos después de un masaje. Pero aquella noche había otra razón para ese temblor, una razón que la turbaba. Y, encima los hermanos Lockwood la miraban como si fuera una santa.

– No he hecho nada especial. No puedo curar las migrañas. Pero lo mejor para la gente con dolores de cabeza es que duerman. Podría haberlo hecho cualquiera…

– Pero nadie lo ha conseguido. Y no sabes cuánta gente ha pasado por aquí.

Phoebe no pensaba discutir. Además, le dolían las rodillas de estar inclinada en el sofá y sus manos… seguían sintiéndolo.

– Estará mejor cuando despierte… ¿vive solo aquí?

– Sí -contestó Harry-. Mi madre vive en la casa grande, sola desde que murió mi padre y nosotros nos independizamos. Ben tiene una casa en el campo y yo vivo en un apartamento encima de mi restaurante.

– Ya veo.

– La casa de soltero llevaba años vacía, pero Fox dejó su apartamento cuando entró en el ejército. Y cuando volvió, destrozado, esta casa nos pareció el mejor sitio.

– Venimos a verlo casi todos los días desde hace dos meses. Fox quiere estar solo, pero no puede cuidar de sí mismo…

– No puedo creer que esté dormido -suspiró Harry.

– No me mires con esa cara -dijo Phoebe.

La miraban como si fuera un ángel, lo cual era ridículo.

– ¿Con qué cara?

– Como si hubiera hecho un milagro.

– Es un milagro.

– De eso nada. Es que llegué justo a tiempo. Tenía sueño.

– Sí, seguro -dijo Ben.

– Sí, bueno, no pienso volver, así que no insistáis. Vuestro hermano ha dejado claro que no quiere volver a verme por aquí.

– ¿Volverías si él te lo pidiera?

– No me lo pedirá -contestó Phoebe.

– Pero si te lo pide…

– Entonces ya veremos -lo interrumpió ella, buscando las llaves en el bolso. No es que llevara un bolso grande, es que podría sobrevivir en Europa durante seis meses con las cosas que llevaba dentro. Por fin, sacó las llaves y vio que los dos hermanos se inclinaban para darle un beso en la mejilla. No pudo hacer nada para evitarlo.



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