– Hemos intentado que viniera el demonio. Lo hemos intentado todo. Pero tú eres la única que ha podido hacer algo por él -insistió Ben, aclarándose la garganta-. Harry me ha dicho que tenías que lavarte el pelo. Y también ha mencionado la posibilidad de un año de cenas gratis en su restaurante. Y yo estaba pensando, no sé dónde vives, pero soy el constructor del clan y nunca he conocido a una mujer que no quisiera reformar su cocina…

– Por Dios bendito. Esto es ridículo.

– Y mientras te reformo la cocina, tú podrías comer en el restaurante de Harry…

– ¡Se acabó! ¡No quiero oír una palabra más!

– ¿Eso significa que aceptas?

Capítulo 3

Fox cerró los ojos y se quedó completamente quieto bajo la ducha.

Había dejado de dormir e incluso de comer y no podía recuperar su vida, pero nada podría evitar que se duchase al menos una vez al día.

Incluso después de dos meses, aún aparecían trozos de metal en su cuerpo. Los médicos decían que las bombas de metralla eran así. Algo nuevo aparecía en la superficie de su piel de vez en cuando. Al principio lo horrorizaba, pero ahora encontraba asombroso, incluso hilarante, lo que los terroristas ponían en esas bombas: trozos de plástico, horquillas, clips, de todo.

Algunas cosas dolían. Otras no. Algunas dejaban cicatrices, otras no. Afortunadamente, nada lo había golpeado en los ojos o la cara… ni por debajo del cinturón, aunque no creía que fuera a mantener relaciones sexuales en el próximo siglo. Tenía que importarte alguien para que se le levantara y a él no le importaba nadie. Aun así, le importaba mucho que su equipo funcionara perfectamente.

Había desarrollado una obsesión con las duchas por miedo a una infección. No le daba miedo morir, pero no quería ni pensar en volver al hospital ni volver a tener heridas infectadas.



22 из 98