– Entonces se sentirá como una idiota y será mucho peor -replicó Polly, incorporándose aún más en la silla-. Tal vez podrías ofrecerte a invertir en la nueva película de Rushford y entonces, ella se pondrá de tan buen humor que se olvidará de mí.

– ¡No lo siento tanto como para eso! ¡Prefiero que tú te busques otro trabajo! Por lo que me ha estado contando Rushford, puedo ver que ese nuevo proyecto va a ser un desastre.

– ¿De verdad inviertes en las películas? -preguntó ella, apoyando los brazos en la mesa, muy intrigada.

– Invierto en todo tipo de cosas. Hoy en día, el mundo del espectáculo es un buen negocio, pero sólo es una parte de nuestras inversiones.

– Cuando Philippe me lo dijo, no me lo pude creer -respondió Polly, muy impresionada, aunque a su pesar-. ¡No sabía que fueras tan rico!

– Si hubiera sabido que estabas tan interesada en mis cuentas, te habría mandado copias de los extractos bancarios -replicó él, en tono de burla.

– No puedo entender por qué no me lo ha dicho nadie -afirmó Polly, sin prestar atención a aquella ironía, ya que estaba intentando asimilar aquel nuevo aspecto de la vida de Simon-. Sé que tienes una casa en la Provenza y mi padre siempre me está hablando de lo bien que te va todo, ¡pero no me había dado cuenta de que eras rico! ¿Lo sabe Emily?

– Supongo que sabe que tengo mi propia empresa, pero sin duda, al igual que tú, no tiene ni idea de lo que hago. Sin embargo, no es ningún secreto. Si alguna de las dos hubierais mostrado algún interés por lo que hago, lo habríais sabido como todo el mundo.

– Bueno, ¡yo nunca me lo habría creído!

– ¿Por qué no?

– Porque no me parece que vaya contigo. Yo siempre he pensado en ti como en el bueno de Simon, que va a su despacho todos los días para hacer algo aburrido con el dinero. De repente, descubro que eres un magnate de la jet-set. De la manera en la que Philippe te describió, ¡hasta es seguro que te invitan a fiestas como ésta constantemente!



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