
Jane colgó el auricular sin esperar respuesta. Estaba cansada de las excusas de George.
Aunque sabía que él no tenía la culpa de su mal humor. La presencia de Lyall la había inquietado. No era justo que volviera en esos momentos cuando estaba estabilizada, asentada, acostumbrada a vivir sin él.
Tenerlo cerca significaría recordar sentimientos pasados, antiguos deseos. No quería volver a vivir su presencia excitante, o preguntarse otra vez cómo habrían sido las cosas si aquel día no lo hubiera visto con Judith. Jane había escondido su pena en lo más profundo de su ser y se había rodeado de una coraza de precaución y sentido práctico. Su único consuelo fue pensar que, por lo menos, había descubierto la verdad sobre Lyall, antes de haber cometido la estupidez de marcharse con él. No, Jane había aprendido la lección bien, y no iba a cometer el mismo error.
Pero ahora Lyall había vuelto, y no podía olvidar su caricia en la mejilla.
La tormenta había continuado toda la noche, y Jane había dormido mal. Su mal humor no había mejorado al no aparecer George Smiles aquella mañana. La noche anterior había vuelto de casa de la señorita Partridge y se había encontrado el depósito de agua caliente estropeado. George no era de mucha confianza, pero Jane había intentado desesperadamente conseguir a algún otro fontanero y había sido imposible, así que pidió a George que fuera a arreglarlo y él lo había prometido.
Jane había hecho tiempo hasta que al final tuvo que ducharse con agua fría. A continuación se había dirigido a su despacho en Starbridge para una reunión con los contables y una entrevista con el director del banco. Era normal que estuviera de mal humor, se dijo a sí misma.
Así que cuando Dorothy la había pasado el teléfono para decirle que era George, Jane se preparó para descargar su genio sobre él. Quizá había sido un poco dura con él, él había intentado hablar varias veces, pero Jane no lo había dejado.
En esos momentos miró la hora y gimió una protesta al recordar la entrevista con el director del banco. Tomó su bolso y su chaqueta y se dirigió precipitadamente hacia el despacho donde Dorothy, secretaria y bastión de Makepeace and Son, estaba escribiendo a máquina.
