
Fue un alivio llegar por fin a Penbury. Era un pueblecito tradicional del condado de Cotswold, con un pub, una tienda estrecha con un despacho de correos en una de las esquinas, y una iglesia del siglo XIV con un enorme tejo en la entrada. Alrededor de esos tres focos se levantaban las casitas de piedra gris, mientras que las casas nuevas se localizaban en las afueras.
Lyall no pareció darse cuenta de la vista. Seguía mirando la cara de Jane.
– Ven y tomemos algo -sugirió, señalando al pub.
– No puedo, prometí ir a visitar a la señorita Partridge.
– ¿Entonces más tarde? -la frialdad había desaparecido, y los ojos azules brillaban como antes, y su sonrisa era tan seductora como siempre había sido.
Jane se cerró dentro de su caparazón. Lyall siempre había pensado que todo lo que tenía que hacer para conseguir las cosas era sonreír. Había funcionado siempre, pero en esos momentos no iba a funcionar.
– No creo.
– ¿Por qué no?
– Nos hemos dicho todo lo que teníamos que decir después de diez años. Creo que lo más sensato sería dejarlo todo como está -entonces, Jane cometió la estupidez de mirarlo, Lyall estaba sonriendo.
– Jane -dijo, de una manera en que sólo él era capaz de decir, con un tono entre risueño y cariñoso, como una caricia-. ¡Sigues siendo la chica sensata, no has cambiado nada! -se acercó y la acarició la mejilla-, pero gracias por traerme.
Lyall se marchó, la puerta del pub osciló y se cerró detrás de él, y Jane se quedó mirando a la lluvia perpleja, con el corazón invadido por los recuerdos y las mejillas ardiendo por el roce de sus dedos.
Capítulo 2
– Y si no has arreglado el calentador para cuando yo vuelva a casa esta noche, te aseguro que no volverás a trabajar aquí! ¡Intenta estar en casa a las seis de la mañana, George, o te prometo que lo vas a lamentar!
