– Tú sigue cavando. Yo voy a dar un paseo para sacudirme la tierra en la pernera del pantalón -dijo al hombre.

El hombre no pareció captar la ironía.


* * *

Siobhan había vuelto a St Leonard y se estaba haciendo la remolona en la máquina de bebidas. Un par de policías uniformados comían un bocadillo y patatas fritas en una mesa de la cantina. Desde el pasillo donde estaba la máquina se veía el aparcamiento. Si fuera fumadora, tendría una excusa para salir afuera, donde había menos posibilidades de que Gill Templer diera con ella. Pero no fumaba. Podía camuflarse en el gimnasio mal ventilado al fondo del pasillo o ir hasta los calabozos, pero nada impediría que Templer acosara a su presa a través del sistema de altavoces internos, porque seguro que se enteraba de que había llegado a la comisaría. En St Leonard no había manera de esconderse. Apretó el botón de las coca-colas mientras pensaba que los dos agentes de uniforme hablarían de lo mismo que todo el mundo: de los tres muertos del colegio.

Por la mañana Siobhan había hojeado los periódicos. Había unas fotos de grano grueso de las víctimas, los dos eran chicos, diecisiete años. Todos los periodistas hablaban de «tragedia», «terrible pérdida», «conmoción» y «carnicería» y daban con la noticia abundante información sobre la pujanza de la cultura de las armas en Gran Bretaña, las deficiencias en seguridad escolar y datos anteriores sobre asesinos que a continuación se suicidaban. Observó las fotos del asesino. Por lo visto, la prensa sólo había podido procurarse tres fotos. Una de ellas era una instantánea muy borrosa en la que parecía más un fantasma que un ser de carne y hueso; en otra aparecía vestido con un mono, y agarraba un cabo para subir a bordo de una lancha, sonriente y mirando a la cámara. Siobhan pensó que sería una foto publicitaria de su negocio de esquí acuático.

La tercera era un retrato oficial de cuando el hombre hacía el servicio militar. Se llamaba Herdman: Lee Herdman, treinta y seis años, residente en South Queensferry y propietario de una lancha rápida. Había también fotos del almacén donde tenía instalado el negocio. «A un kilómetro escaso del escenario de la tragedia», comentaba un periódico.



8 из 385