– Sí. Fue una noche ajetreada.

– Embarazada -repitió Willow-. ¿Qué te parece? ¿Estás contenta?

– Sí, la verdad es que sí. Nunca antes había pensado en tener hijos más que como algo futuro, pero, cuando me enteré, supe que lo deseaba.

– ¿Se lo has dicho a Ryan?

– Ayer.

– ¿Qué dijo?

– No mucho. Pareció sorprendido, pero luego dijo que teníamos que hablar. Nos intercambiamos las tarjetas.

– ¿Ya está? ¿No debería haber habido más? -preguntó Willow.

– No sé -Julie se sentía inquieta a raíz de su conversación con él, pero no sabía por qué-. No esperaba volver a verme, así que, dadas las circunstancias, se comportó bien. Ya nos encargaremos del asunto cuando tengamos que hacerlo. Le ofrecí la posibilidad de renunciar a sus responsabilidades, pero se negó.

– Así que estáis juntos en esto -dijo Willow.

– Más o menos. Hasta que no haya bebé, no pienso verlo mucho.

– Un bebé -dijo Willow, apretándole el brazo- ¿Estás excitada?

– Sí, lo estoy. Y también asustada. Pero principalmente excitada.

– Seré tía y le compraré regalos, y haré de canguro-dijo Willow, apretándole el brazo con más fuerza -Tal vez estuviera destinado a ser así. Tal vez sea tú…

– No lo digas, por favor. Ryan no es mi destino.

– Pero eso nunca se sabe.

– Lo sé. Ahora vamos. Vamos a mirar cosas para el bebé. Tenemos que preparar una habitación.


– Tu cita de las once está aquí -dijo Leah, asomando la cabeza por la puerta del despacho de Julie- Es mono.

Julie le dirigió una sonrisa a su ayudante, la que compartía con otros dos socios de segundo año.

– ¿Les dices ese tipo de cosas a Mark y a James?

– A Mark no -dijo Leah-. Pero hay rumores sobre James, así que tal vez él esté interesado si no lo estás lú.

– Eres mala.

– Sí, lo soy. En todos los aspectos posibles.

Leah era una abuela de cincuenta y pico años y también una ayudante excelente. Llevaba en la compañía más tiempo que la mayoría de los socios establecidos y se negaba a trabajar para ellos, diciendo que los nuevos la necesitaban más.



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