
Julie esperó a que su hermana se reuniera con ella en la acera.
– Tengo algo que contarte.
– ¿Ya no quieres ser abogada? ¿Vas a dedicarte a vender al por menor?
– Casi.
– No tomes decisiones importantes ahora, mientras sigues recuperándote de ese bastardo. No merece la pena.
– Gracias por el apoyo.
La pequeña y delicada Willow se mostraba apasionada con todo. Por desgracia, cuando los hombres la miraban, la veían como a una amiga o compañera. Pero algún día el hombre adecuado abriría los ojos y se dejaría conquistar. Julie sólo esperaba que estuviera preparado para lo que le esperaba.
– En fin, tengo algo que decirte -dijo mientras conducía a su hermana hacia la tienda de ropa de bebé de al lado-. Me había reservado un pequeño detalle de mi noche con Ryan.
– ¿Es hermafrodita? -preguntó Willow con una sonrisa-. Porque eso habría hecho que fuese un poco raro.
– Más raro de lo que piensas -dijo Julie, mirándola a los ojos- Me acosté con él.
– Ya me lo imaginaba.
– ¿Qué? ¿Cómo? No dije nada -Julie siempre había pensado que se le daba bien guardar secretos-. Ni siquiera lo dejé entrever.
– No era necesario. Estabas más triste de lo que era necesario, y ése suele ser un defecto mío o de Marina. Pero no tuyo. Así que imaginé que debía de haber una razón. Acostarte con Ryan era la razón más lógica.
Julie suspiró. Sus hermanas la conocían y ella las conocía.
– Estaba esperando que te escandalizaras.
– Me puedo poner así ahora, si eso te ayuda.
– Gracias, pero estoy bien. Aun así, hay algo más -señaló hacia la tienda de bebés.
En esa ocasión consiguió la reacción que había estado esperando. Willow se dio la vuelta lentamente y se quedó de piedra con la boca abierta.
– Estás embarazada-dijo-. Oh, no. ¿Embarazada? ¿De verdad? ¿De Ryan?
