
Jessie pensó que trataría de no matarlas, aunque era consciente de que no se le daban bien las plantas. Era una persona muy responsable. ¡Por algo le habían confiado Kevin y Faye a su hijo! De repente pensó que, tal vez debería hacer algo terrible en un futuro próximo para que sus familiares se lo pensaran dos veces antes de volver a hacerle algo así.
– ¿Has dejado el número de teléfono del veterinario? -preguntó a Carenza, mientras la acompañaba hasta la puerta. No le sería fácil convertirse en una irresponsable. Tendría que practicar mucho-. Y, ¿a quién llamo en caso de emergencia? ¿Ha dejado algún número de contacto?
– No voy a tener ninguno en los próximos tres meses -le respondió Carrie, mientras tomaba su pesada mochila-. No se preocupe, que no va a pasar nada malo. La veré dentro de tres meses.
Tres meses. En ese tiempo podría encontrar otro lugar parecido a Taplow Towers. La situación no era tan grave. Al fin y al cabo lo de Bertie era solo temporal. Tanto Kevin como Faye adoraban a su hijo, y estaba segura de que no podrían pasar más de dos o tres días sin él. Además, estaba segura de que sabían lo que le estaba perjudicando todo aquello a ella.
Regresarían, avergonzados de lo que habían hecho, y su vida recobraría la normalidad. Lo único que no podría recuperar sería Taplow Towers.
Si se lo hubieran explicado con antelación, podría haberse trasladado ella a su casa, un par de días, y así no se hubiera visto casi en la calle.
Pero Bertie no tenía la culpa de nada. Suspiró, y le besó en la cabeza. Después lo abrazó y empezó a sentirse mucho mejor.
– Lo siento cariño, te voy a tener que dejar en el cochecito mientras hago una taza de té -Bertie, que no quitaba ojo al gato, no protestó. Mao bostezó, y el niño sonrió encantado.
