
Asombrada por lo bien que aceptaba el niño la presencia del animal, lo contempló con dulzura, y sintió una punzada en el corazón, al pensar que su sobrino era lo más bonito que había visto en su vida.
No pudo evitar sentir cierto rencor hacia Graeme, pero por suerte el maullido del gato para que lo dejara salir la distrajo y dejó de sentir lástima de sí misma. Bertie lo vio salir al jardín y lloriqueó cuando desapareció detrás de unos arbustos.
– ¡Mao! -gritó al ver la reacción del niño, pero no apareció. De repente, la idea de que no regresara, que hacía dos horas le hubiera resultado indiferente, la horrorizó. Si a Bertie le gustaba hasta picaría carne de pollo para alimentarlo. Tal vez hubiera una fotografía de un gato en algún sitio…
Carenza tomó un periódico para protegerse los ojos del exceso del sol, mientras miraba al mar.
– ¿No es ese el caso de tu tío? -le preguntó Sarah, mientras torcía el cuello para leer el titular JUICIO POR FRAUDE EN EL LEJANO ORIENTE-. Sí, mira, aquí hay una fotografía suya -quitó el periódico a Carrie y sonrió-. ¡Qué guapo es!
– ¡Vamos, pero si es lo bastante viejo como para ser tu padre!
Sarah suspiró.
– Recuerdo haberlo visto hace unos años… Parecía tan perdido. Tan solitario… Me pasé semanas fantaseando con él, imaginando que lo consolaba, que le hacía recuperar las ganas de vivir… -hizo una mueca-. Bueno, ya sabes…
Carenza puso los ojos en blanco.
– Ya sé. Tú y la mitad de las mujeres de Londres, según mi madre. Había perdido al amor de su vida y a su hija, cuando todavía era un bebé. Bueno, no creo que nadie se pueda recuperar por completo de un golpe así. Solo el trabajo lo mantiene vivo. Mamá dice que si sigue a ese ritmo de trabajo terminará siendo juez del tribunal supremo.
– ¡Qué desperdicio! -dijo, y después siguió leyendo-: Acusado cambia su alegato ¿Qué significa eso?
