
Esos años habían visto la lamentable fragmentación de África y Arabia en estados cada vez más pequeños, y en ciertas ocasiones Snook se había encontrado en peligro de ser relacionado o identificado con una u otra de las entidades políticas encaramadas en el poder. Ese compromiso podría haber acabado en cualquier cosa, desde la obligación de aceptar un trabajo permanente hasta tener que enfrentarse a la ametralladora del verdugo mientras el arma contaba su rosario de bronce y plomo. Pero siempre — como un neutrino— se había escurrido ileso antes que la trampa de las circunstancias le dejara encerrado. En caso necesario se había cambiado el nombre durante breves períodos o había aceptado otras clases de trabajo. Había seguido su camino sin que nada le afectara.
En el microcosmos de la física nuclear, la única partícula capaz de amenazar la existencia de un neutrino sería un antineutrino; resulta irónico, pues, que fuera precisamente una nube de esas partículas la que — en el verano de 1993— interactuó tan violentamente con la vida del neutrino humano, Gil Snook.
La nube de antineutrinos fue observada por primera vez el tercer día de enero de 1993, cuando atravesaba la órbita de Júpiter, y a causa de la extrema dificultad para detectar su existencia los astrónomos se contentaron con emplear el término 'nube' en sus primeros informes. No fue hasta más de un mes después que desecharon la palabra y la sustituyeron por la expresión 'planeta errante', mucho más precisa aunque demasiado dramática.
Esta definición más atinada del fenómeno fue posible gracias al perfeccionamiento del equipo de observación de magniluct, de reciente invención, que como es frecuente en la historia de los hallazgos científicos había aparecido en el preciso instante en que resultaba necesario.
