

Danielle Steel
Una Imagen En El Espejo
CAPITULO 1
Olivia Henderson retiró de su rostro un largo mechón de cabello oscuro antes de proseguir con el detallado inventario de la vajilla. Las pesadas cortinas de brocado de Henderson Manor amortiguaban el canto de los pájaros. Era un caluroso día de verano y, como de costumbre, su hermana había salido. Entretanto su padre, Edward Henderson, esperaba la llegada de sus abogados, que le visitaban con regularidad desde que decidió instalarse en Croton- on-Hudson, a unas tres horas de Nueva York. Desde allí gestionaba tanto sus inversiones como las acerías que todavía llevaban su nombre aunque ya no las dirigiera él mismo. Se había retirado hacía dos años, en 1911, pero todavía llevaba las riendas del negocio, mientras que de la administración se encargaban sus abogados y los directores. Puesto que no tenía hijos varones, no sentía el mismo interés por sus empresas que antaño. Sus hijas jamás se ocuparían de ellas. Sólo contaba sesenta y cinco años de edad, pero últimamente tenía problemas de salud, por lo que prefería contemplar el mundo desde su pacífico refugio de Croton-on-Hudson, al tiempo que ofrecía una vida sana a sus hijas en el campo. Sabía que Croton no era un lugar especialmente emocionante, pero sus hijas nunca se aburrían allí. Además contaban entre sus amistades con todas las grandes familias a uno y otro lado del Hudson.
A poca distancia de Henderson Manor se encontraba la mansión de los Van Cortland y la antigua finca Lyndhurst de los Shepard. El padre de Helen Shepard, Jay Gould, había fallecido veinte años atrás y legado su maravillosa propiedad a su hija. Helen y su marido, Finley Shepard, ofrecían con frecuencia fiestas a las que invitaban a los jóvenes del lugar. Ese año los Rockefeller habían completado en Tarrytown la construcción de Kyhuit, una quinta de espléndidos jardines que rivalizaba en grandeza con la de Edward Henderson, situada al norte, en Croton-on- Hudson.
