Con excepción de la diferente expresión de sus rostros y el cabello más alborotado de Olivia, eran totalmente idénticas: los mismos ojos, la misma boca, los mismos pómulos y el mismo pelo, incluso los mismos gestos. Aunque existían innumerables diferencias entre ambas, resultaba muy difícil distinguirlas. Incluso su padre se confundía a menudo cuando se encontraba a solas con una de ellas, y los sirvientes rara vez acertaban. En el colegio sus compañeros jamás habían logrado diferenciarlas, y su padre decidió que recibieran instrucción en casa porque causaban estragos en las aulas y llamaban demasiado la atención. Siempre cambiaban de identidad y martirizaban a los profesores o, según Olivia, al menos eso hacía Victoria. El hecho de recibir clases particulares las había aislado y ahora sólo contaban con su mutua compañía. Aunque añoraron la escuela, su padre no estaba dispuesto a que se convirtieran en una atracción de circo. Si en el colegio no podían controlarlas, la señora Peabody y sus tutores se encargarían de ello. De hecho, la señora Peabody era la única persona capaz de distinguirlas en cualquier parte, de frente, de espaldas, e incluso antes de que pronunciaran media palabra. Además conocía su secreto, el único rasgo que permitía diferenciarlas: Olivia tenía una pequeña peca en la parte superior de la mano derecha, mientras que Victoria la tenía en la izquierda. Su padre también lo sabía, pero era más fácil preguntar y confiar en que no mintieran, lo que hacían bastante a menudo.

Su increíble parecido siempre causaba asombro. Su presentación en sociedad dos años antes en Nueva York había provocado una gran conmoción y por eso Henderson insistió en regresar a Croton antes de Navidad. No le agradaba ser el centro de atención allá donde fueran, tenía la sensación de que todos trataban a sus hijas como extraterrestres, era agotador. Victoria lamentó tener que abandonar la gran ciudad, pero a Olivia no le importó. Desde su regreso, Victoria se quejaba sin cesar de lo aburrido que era Hudson.



14 из 312