– ¿Diga?

Estaba segura de que sería Victoria, por lo que sufrió una gran decepción al oír una voz masculina al otro lado de la línea. Sin duda se había equivocado de número.

– ¿ Es ésta la residencia de los Henderson? -preguntó el hombre, que tenía acento irlandés.

Olivia frunció el entrecejo. No conocían a nadie en Nueva York.

– Sí. ¿ Quién llama? -inquirió con voz temblorosa.,…

– ¿Es usted la señorita Henderson? Olivia asintió.

– Sí, soy yo. ¿Con quién hablo? -insistió.

– Soy el sargento O'Shaunessy, de la comisaría del distrito quinto.

Olivia contuvo el aliento y cerró los ojos, segura de lo que el sargento le diría a continuación.

– ¿Está… bien…? -susurró.

¿ y si estaba herida? ¿ y si le había propinado una coz un caballo? ¿ y si la había apuñalado un delincuente o la había atropellado un coche de caballos… o un automóvil?

– Está en perfecto estado -respondió el sargento con cierta exasperación-. Se encuentra aquí, con…un grupo de jóvenes. El teniente dedujo que…por su aspecto no era de… esta zona. Las otras mujeres pasarán aquí la noche. Le seré franco, señorita Henderson; las han detenido por manifestarse sin autorización. Si pasa a recoger a su hermana de inmediato, podrá llevársela a casa sin más y nadie se enterará de lo sucedido. Le sugiero que no venga sola. ¿Puede acompañarla alguien?

Olivia no quería que Donovan o Petrie supieran que Victoria había sido detenida.

– ¿Qué ha hecho? -preguntó, agradecida de que no la arrestaran.

– Manifestarse, como el resto. Pero su hermana es muy joven e ingenua, dice que llegó a Nueva York ayer. Le re- comiendo que regresen a donde han venido de inmediato, antes de que vuelva a meterse en más líos con esta maldita asociación de mujeres sufragistas. Debo decirle que no nos ha facilitado el trabajo. De hecho no deseaba que la llamáramos; quería que la arrestáramos -comentó divertido, y Olivia cerró los ojos horrorizada.



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