
Desafortunadamente, la tragedia del accidente había puesto en crisis el acuerdo. Al haber perdido a su familia real, los oficiales de la corte de Ashur buscaban frenéticamente en el árbol genealógico de la familia una posible sustituta para Bariah como consorte de Raja.
Sonó el móvil y contestó.
– Tienes que venir a casa -dijo su hermano Haroun en tono grave-. Wajid Sulieman, el consejero de la corte de Ashur, está de camino. Sonaba muy animado, así que sospecho que te ha encontrado novia.
Aunque Raja estaba preparado para la noticia, sintió un peso en el pecho.
– Confiemos en nuestra suerte.
– ¡La suerte sería que no encontraran a nadie! -dijo su hermano menor-. ¿Por qué aceptas un matrimonio de conveniencia? No vivimos en la Edad Media.
Raja se mantuvo impasible. Su padre le había enseñado a comportarse como rey y a no mostrar sus sentimientos delante de terceros.
– ¿Algún problema? -preguntó Chloe cuando colgó.
– Tengo que irme.
Ella se levantó y se abrazó a él.
– Creía que íbamos a salir esta noche -susurró coqueta, sonando más desilusionada que exigente. Sabía bien lo que no debía hacer si quería tener contentos a sus amantes.
– Te recompensaré en mi próxima visita -prometió Raja, separándose de ella para continuar vistiéndose.
Aunque se sentía atrapado por el lugar que ocupaba en la vida pública, se negaba a cuestionarse sus circunstancias, así que solo le quedaba confiar en que su futura mujer fuera mínimamente atractiva.
