El avión privado lo llevó a Najar en cuestión de horas y su hermano fue a recibirlo al aeropuerto.

– ¡Yo no me casaría con una desconocida! -dijo Haroun, indignado.

– Yo accedo gustosamente por ti -Raja se alegraba de que su hermano pequeño no tuviera que hacer un sacrificio similar-. En este momento nuestro país necesita una vuelta a la tradición.

– Ashur está en bancarrota. ¿Por qué no les ofrecemos una parte de nuestros beneficios petrolíferos a cambio?

– ¡Haroun, cuidado con lo que dices! -le recriminó Raja-. Hasta que la paz sea estable debemos actuar con extrema diplomacia.

– ¿Desde cuándo la verdad es una ofensa digna de castigo? -protestó Haroun-. Aunque hemos ganado la guerra te ves obligado a una alianza con un país que cuando nuestro bisabuelo ya era rey no eran más que un puñado de pastores.

Consciente de que muchos najarís eran de la misma opinión debido a la profunda brecha que la guerra había abierto entre los dos países, Raja se limitó a mirar a su hermano con impaciencia.

– Un joven educado como tú debería tener una visión más sensata.

En el palacio real los esperaba el maduro consejero ashurí y un asistente; ambos parecían contentos.

– Espero no haberlo importunado al solicitar una cita en tan breve plazo, Alteza Real -dijo Wajid, inclinándose. Sin perder tiempo, dejó una carpeta sobre la mesa-. Hemos descubierto que la única posible heredera al trono soltera es la hija del difunto rey Anwar y de una ciudadana británica…

– ¿Británica? -preguntó Haroun, intrigado-. ¿Anwar no fue rey antes que Tamim, el padre de la princesa Bariah?

– Era el hermano mayor de Tamim. Si no recuerdo mal, Anwar se casó más de una vez. ¿Quién era la madre de la dama de que hablamos? -preguntó Raja.

– Una mujer inglesa. El matrimonio duró poco y tras el divorcio, ella se volvió con la niña a su país.

– ¿Cuántos años tiene? -preguntó Haroun con curiosidad.



3 из 99