– Veintiuno. Nunca se ha casado.

– Muy joven. ¿Tiene buen carácter? -preguntó Raja.

– Desde luego -dijo el consejero, irguiéndose.

Raja no pareció convencido. En su experiencia las mujeres interesadas en príncipes solo querían pasarlo bien y recibir joyas.

– ¿Por qué se divorció el rey Anwar de su madre?

– Porque no pudo tener más hijos. Fue un breve matrimonio por amor. El rey tuvo dos hijos con su segunda mujer. Ambos murieron en la guerra.

Raja agachó la cabeza como muestra de respeto por una generación de jóvenes que se había visto diezmada por la cruenta guerra. Si su matrimonio podía lograr que enemigos acérrimos se reconciliaran, era un sacrificio que estaba dispuesto a hacer.

– ¿Cómo se llama?

– Ruby. Cuando la princesa y su madre abandonaron Ashur, la familia real perdió contacto con ella.

Desafortunadamente, la princesa Ruby no ha sido educada para la vida de la corte -al ver el gesto de contrariedad de Raja, añadió-: Pero es joven y aprenderá pronto.

– ¿Tiene una fotografía? -preguntó Haroun.

Wajid sacó una de la carpeta.

– Me temo que se tomó hace años.

Raja estudió la imagen de la joven delgada y rubia que posaba en minifalda delante de la catedral de Ashur. Tenía los rasgos indefinidos de una adolescente y un cabello largo y rubio que Raja encontró fascinante.

Haroun estudió la imagen y dejó escapar un silbido de aprobación.

– ¿Cuándo voy a conocerla? -preguntó Raja tras lanzar una mirada de censura a su hermano.

– En cuanto sea posible, Alteza -dijo Wajid, aliviado con la prontitud con la que Raja había aceptado la propuesta.

– Por favor, Ruby -suplicó Steve, sujetándola por la delgada cintura.

– ¡No! -gritó ella enérgicamente a su novio, apartando sus manos de debajo de su jersey.

No estaba dispuesta a tener que forcejear con él dentro de un coche aparcado en un siniestro aparcamiento a plena luz del día.



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