

J. D. Robb
Una muerte extasiada
Título Original: Rapture in death
Eve Dallas (IV)
1
El callejón estaba oscuro y apestaba a orina y vómito, infestado de ratas escurridizas y de huesudos felinos que les daban caza. En la oscuridad brillaban ojos rojos, algunos humanos, todos feroces.
Eve sintió que se le aceleraba el pulso al adentrarse en la hedionda y húmeda oscuridad. Lo había visto meterse en el callejón, estaba segura. Su deber era detenerlo y llevarlo a comisaría. Sostenía el arma con firmeza.
– Eh, encanto, ¿quieres hacértelo conmigo?
De la oscuridad llegaban voces, ásperas a causa de las drogas y los brebajes baratos. Gemidos de malvivientes, risotadas de los locos. Las ratas y los gatos no vivían solos en el callejón. La compañía de la basura humana alineada junto a las húmedas paredes de ladrillo no resultaba grata.
La joven empuñó el arma y se agachó al rodear una destartalada unidad de reciclaje que, a juzgar por el olor, llevaba décadas sin funcionar. El hedor de la comida putrefacta impregnó el húmedo aire. Se oyó un gemido, y la joven vio a un niño de unos trece años totalmente desnudo. Tenía el rostro cubierto de llagas, y los ojos entrecerrados de miedo e impotencia mientras se apretujaba contra la mugrienta pared.
La joven se compadeció de él. De niña, ella también se había escondido herida y aterrorizada en un callejón.
– No voy a hacerte daño -dijo en un susurro, mirándolo a los ojos, mientras bajaba el arma.
Fue entonces cuando él la atacó.
Lo hizo por detrás, moviéndose ágilmente. Le descargó un trozo de tubería que hendió el aire con un silbido amenazador. Ella se volvió y la esquivó. Apenas tuvo tiempo de lamentar haberse distraído y olvidado su objetivo principal, cuando ciento doce kilos de músculos y maldad la arrojaron contra la pared de ladrillo.
