– De nuevo te equivocas, Serena. Quería ver si estás a la altura del vestido que llevas.

Serena lo miró confusa.

– ¿Qué quieres decir?

– Te has vestido así como un reto -dijo Leo-. Quieres ver si existe algún hombre que se atreva a descubrir si eres tan fiera como aparentas. Así los cobardes no se atreven a acercarse a ti, ¿verdad?

Serena quiso decirle que se equivocaba, que era a los hombres valientes a los que quería evitar. Su aspecto agresivo y fiero era tan sólo una coraza, una máscara que la protegía. Había dejado caer sus defensas con Alex y Alex la había engañado y herido. No iba a dejarse herir una vez más.

– Pues yo creo que es obvio -señaló mientras se recuperaba-. Apenas te conozco.

– Me conoces lo suficiente corno para decir que nunca te enarnorarías de mí -señaló él con una lógica aplastante.

– No puedo ir por ahí besando a desconocidos. Es demasiado peligroso; además, aquí hay mucha gente.

– Podemos ir a la terraza -sugirió él-. ¿O es que verdaderamente me tienes miedo?

– Eres muy bueno confundiendo a ¡agente con las palabras -dijo ella al verse perdida-. Yo creo que el cobarde eres tú; tú eres el que has dicho que no te arriesgarías a casarte.

– No estarnos hablando de matrimonio. Serena. Igual que tú, soy demasiado sensato como para casarme. pero eso no quiere decir que tenga miedo de mis propios sentimientos.

– ¡Ni yo tampoco!

– No puedes esperar que crea algo que no me has demostrado -insistió él.

– ¡De acuerdo! -exclamó ella por fin-. Te lo demostrare.

– Vamos -dijo él y la soltó.

– ¿Ahora?

A su alrededor varias parejas los observaban pues habían dejado de bailar y se miraban el uno al otro sin moverse.

– Vamos a la terraza -dijo él.

– No puedo creer lo que estoy haciendo -dijo Serena, una vez que salieron de salón de baile.

– ¿Y bien? -preguntó él.



12 из 93