– No. No estoy diciendo eso. Ya has recuperado la mayoría de tu memoria. Pero no hay manera de predecir si podrás recuperarla del todo o no. Sólo el tiempo tiene la respuesta -respondió Louise-. Tracey, eres mi paciente y, por lo que a mí respecta, podrías marcharte de aquí mañana mismo, aunque, por supuesto, me gustaría despedirme de ti sabiendo que has resuelto los miedos que generan tus pesadillas. En cualquier caso, no puedo darte de alta mientras tu marido no quiera.

– ¿Y si contrato a un abogado?

– Podrías hacerlo -contestó Louise dubitativamente-. Pero, ¿tienes dinero para procurarte un abogado que sea tan bueno como el de tu marido?

– Necesito estar a solas -comentó Tracey, consciente de que no podía competir con Julien.

– Está bien. Vendré a verte mañana y seguiremos hablando.

– Dame… algo… para dormir… -suplicó Tracey entre lastimeros gemidos.

– Ya no te hace falta. El monstruo que te atormentaba por las noches ya ha salido a la superficie. Hazle frente y dejará de molestarte mientras duermas. Buenas noches.

Tracey se sintió furiosa con Louise y empezó a llamarla a gritos para que volviera y la ayudara.

– ¿Tracey? -la interrumpió una voz minutos después. Se incorporó sobresaltada, por unos segundos, pensó que aquella voz masculina había sido la de su marido. Por suerte, se trataba de Gerard-. ¿Te apetece cenar algo?

– ¡No! -respondió malhumorada.

– ¿Y un zumo de frutas fresquito?

– No. Lo que necesito es una pastilla para dormir.

– La doctora Louise no cree que la necesites. Quizá un poco de leche caliente…

– No gracias. No me gusta la leche caliente.

– Entonces, buenas noches. Si quieres cualquier cosa, basta con que aprietes el botón.

– ¡Pero no podré dormirme en toda la noche!



12 из 111