
– ¿Cómo que no puedo? ¿Qué quieres decir? -dijo enfadada.
– Fue tu marido el que te ingresó aquí y él es el único que puede decir cuando puedes marcharte.
– Pero si te lo acabo de explicar ¡ya no es mi marido!, ¡estamos divorciados!
– Puede que para ti lo estéis; pero él nunca llegó a firmar los papeles del divorcio. Legalmente sigues siendo su mujer.
Capítulo 2
– ¡No es verdad! -exclamó Tracey.
– Sí. Yo nunca te he mentido. Y nunca lo haré. Cuando tu abogado le entregó los papeles del divorcio al abogado de tu marido, ya te habían atropellado y estabas en coma. Según tu tía Rose, Julien no quiso tomar ninguna decisión entonces, porque estaba demasiado confuso y preocupado por tu accidente.
– ¿Entonces sigo siendo Tracey Chapelle?
– Sí.
– No… no es posible.
– Lamento que esta noticia te afecte tanto.
– ¿Por qué no me lo habías dicho antes?
– Porque, en los casos de pérdida de memoria, es mejor que el paciente la vaya recuperando por su cuenta, sin forzar el proceso, cuando el cerebro esté preparado para recibir nueva información. Así estás evolucionando tú y por eso has mejorado tanto. Pero esta noche tu marido se saltó las reglas del juego al insistir en que lo vieras. Corrimos un riesgo al dejarle entrar en tu habitación y ahora he tenido que contarte algunas cosas para las que aún no estabas preparada. Lo siento, Tracey. No era mi intención. Yo quería que recuperaras la memoria a tu ritmo, pero tu marido lleva mucho tiempo sufriendo. Cuando vio que habías reconocido a tu tía Rose, no pudo seguir aguantando.
– ¿Qué más debo saber que no recuerde? -preguntó Tracey luchando por no llorar.
– No voy a mentirte: todavía hay más; pero no creo que sea el momento de decirte nada. Bastantes emociones has tenido ya esta noche…
– ¡Así que me estás diciendo que voy a tener que quedarme aquí hasta que recupere toda mi memoria y que, incluso entonces, no podré marcharme hasta que Julien considere que estoy en condiciones de dejar el hospital! -exclamó desesperada.
