Pero cuando Greg Porter apareció en escena, ella vio la situación como realmente era. La había invitado a pasar unas vacaciones con él y su familia en su casa de la playa en La Joya. Sus padres se mostraron muy insistentes al negarse a que fuera, diciéndole que, a no ser que estuvieran comprometidos, aquello estaba fuera de discusión. Ni siquiera los padres de Greg lograron convencerlos.

En vez de desafiar a sus padres, algo que nunca antes había hecho, Lindsay tuvo que rechazar la invitación de Greg. Él encontró a otra y así empezó una forma de comportamiento paterno que continuó hasta que ella se graduó en biología. Y coleccionó toda una serie de abortadas relaciones sentimentales.

Mirando hacia atrás, se daba perfecta cuenta de que habían sido saboteadas por sus padres.

Cuando ellos se negaron categóricamente a dejarla que fuera a la escuela de posgraduados a que estudiara biología marina, Lindsay se lo contó a su mejor amiga, Beth. Estaba en tratamiento para ayudarla a superar el cuarto matrimonio de su madre, una famosa actriz y mujer insegura a la que Lindsay quería mucho. La respuesta de Beth fue decirle que sus padres eran «disfuncionales» y que necesitaban ayuda psiquiátrica.

Al principio ella no quiso oírlo e, incluso, se enfadó con Beth. Pero con el tiempo se dio cuenta de que su amiga tenía razón. Fue entonces cuando empezó a trabajar a tiempo parcial como profesora de natación para niños para pagarse unas sesiones con un buen psiquiatra.

Cuatro meses de terapia transformaron su mundo y, aunque no pudo hacer nada con respecto a los miedos de sus padres, sí pudo ayudarse a sí misma. Utilizando la estrategia diseñada por el psiquiatra, Lindsay fue por fin capaz de romper. Se encontró a sí misma en un apartamento de Santa Mónica, cerca de la playa, donde podía nadar a diario y recibir clases de buceo para sacarse el título.



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