
Andrew se rió.
– Papá, ¿qué crees que es? ¿Y qué supones que estaría haciendo ahí abajo vestida así y sin equipo de buceo?
– No lo sé. Pero lo voy a descubrir.
Randy lo miró intrigado.
– ¿Sí?
– Sí. ¿Me culparías por hacerlo?
– Demonios, no. ¡Sólo me gustaría haberla visto yo antes!
– Bueno, pues no lo hiciste, así que mantén apartadas las manos.
– Esa es una interesante elección de palabras, papá. ¡Cielos, todavía hay algo de vida en el viejo!
Andrew volvió a reírse.
– ¿Recuerdas lo que nos dijo Bruce acerca de las recuperaciones?
Randy asintió.
– Claro. Lo que encontremos es nuestro. Pero yo no la describiría a ella exactamente como una recuperación, papá.
– Oh, no lo sé -dijo Andrew mientras apagaba el vídeo-. Yo la encontré bajo el agua, libre y contenta. Llevármela no constituye un daño al medio ambiente. Y bien puede valer una fortuna. ¿Quién lo sabe? De hecho, yo no lo sabré hasta que no la examine de cerca.
– Papá… ¡Se te ha ido la cabeza con ella! No me lo creo. ¡Mi propio padre!
Andrew puso los brazos en jarras.
– ¿Cómo te imaginas que fuiste concebido tú?
– Si esta es tu forma de darme un curso de recuerdo sobre educación sexual, llegas por lo menos cinco años tarde. ¿Qué vas a hacer para encontrarla?
– Pokey sabe todo lo que pasa en estas aguas. Lo llamaré después de que volvamos de cenar. Espero que entonces esté en su casa o tendré que esperar a mañana.
– Eso significa que te vas a pasar despierto toda la noche dando vueltas en la cama y que no podrás bucear bien mañana. ¿Por qué no nos quedamos en casa y así podrás hablar con él? Voy a pedir una pizza y alquilaré una película de vídeo. Realmente estoy bastante cansado. No me importaría nada relajarme aquí.
