
– Bueno, de todas formas está mucho mejor con Nick -siguió su madre, satisfecha-. Su empresa va muy bien, ¿sabes? Nick puede cuidar de tu hermana.
«Darle todos los caprichos», pensó Sophie.
– Melissa y Bram eran demasiado jóvenes cuando se prometieron -continuó Harriet-. Lo decía tu padre y tenía razón. No habría salido bien. Pero lo siento por Bram, la verdad. A veces pienso que sigue enamorado de tu hermana. Y lo lamento, porque es un chico estupendo.
Era más que un chico estupendo, pensó Sophie, ligeramente fastidiada, aunque no sabía por qué.
– ¿Te ha hablado de Vicky Manning? -le preguntó su madre entonces.
– No -contestó Sophie, sorprendida. Vicky, una ex compañera del colegio, era una chica gordita y simpática pero, en su opinión, bastante sosa-. ¿Qué pasa con Vicky?
– Que iba a casarse en menos de un mes.
El vestido estaba encargado, las invitaciones enviadas… y entonces el novio se echó atrás. Se ha ido a Manchester y la pobre Vicky se ha quedado aquí, destrozada.
– Pobrecilla -murmuró Sophie-. Lo siento mucho por ella.
– Sí, no creo que lo esté pasando bien. Según Maggie, el novio siempre estaba diciendo que se aburría en el campo, pero Vicky no quería irse a la ciudad -Harriet comprobó la temperatura del horno y se secó las manos en un paño para colocar la masa en un molde-. No me sorprendería nada que acabase con Bram.
– ¿Con Bram? Vicky y Bram no tienen nada que ver.
– Bueno, eso nunca se sabe… -Harriet metió el molde en el horno y limpió la encimera con el paño-. Debería perder algo de peso, pero es una chica mona y muy trabajadora. Yo creo que sería una buena esposa para Bram.
– Pues yo no lo creo -replicó Sophie.
– No todo el mundo puede elegir, hija. Por aquí no hay muchas chicas solteras, y si Bram quiere tener hijos, será mejor que se espabile.
«Y tú también». Naturalmente, eso era lo que su madre quería decir. Y a Sophie no le pasó desapercibido.
