
– Sí, pero hay cosas que no duran y que también son importantes.
– ¿Como qué?
– Como…, los fuegos artificiales. Duran sólo segundos, pero te dejan con el recuerdo de su belleza.
– Mmm. En mi opinión, la belleza se encuentra en el arte verdadero, no en un espectáculo momentáneo y efímero. Nunca he subestimado la importancia del arte para el espíritu. Una gran pintura puede inspirarte enormemente.
– Pero mirar a una pintura es algo pasajero, ¿no? Uno no puede pasarse la vida mirándola.
– No, pero se puede comprar una litografía.
– Sí, una litografía de mucho gusto -comentó Jane recordando…
– Si la eligiera yo, querida, no te quepa duda de que sería de mucho gusto.
Por cambiar de tema de conversación, Jane le preguntó qué tal le iba el negocio. Kenneth era el propietario de una constructora muy próspera que se encargaba, sobre todo, de proyectos de rehabilitación.
– Estar en una caseta en la feria de muestras ha sido una buena idea -declaró él cuando llegó el plato principal-. Derek, que es quien está en al caseta, dice que ha ido mucha gente.
– Eso es estupendo -contestó Jane educadamente.
– Lo que me ha parecido una equivocación es que hayan puesto atracciones.
– A la gente le gusta ir a las ferias a pasar el día con la familia.
– Sí, pero eso es precisamente lo que no puede ser. En las ferias de muestras se firman muchos contratos y el dinero cambia de manos, ¿qué tiene que ver una feria de carruseles con eso? ¡Y fuegos artificiales!
Kenneth continuó con comentarios semejantes durante el resto de la cena. Jane lo escuchó a medias. Mientras tomaban el café, Kenneth se miró el reloj y sacó su teléfono móvil.
– Bueno, la feria está a punto de terminar. Permíteme que llame a Derek un momento para ver qué tal ha ido todo hoy.
– ¿Por qué no vamos allí? -sugirió Jane impulsivamente.
– Es muy amable de tu parte, querida. No me vendría nada mal charlar un momento con Derek; además, nos gustaría discutir algunos asuntos financieros contigo.
