
El se sentó a su lado de manera casual y tomó una de las botellas de agua.
– ¿Qué tal el partido?
Llevaba una camiseta tipo polo de color blanco. Hacía que destacaran su piel bronceada y su fuerte y musculoso torso.
Emma no contestó hasta que vio que él levantaba una ceja.
– Bien -repuso.
Ahora que empezaba a recobrarse tras la sorpresa, se dio cuenta de hasta qué punto estaba enfadada. Un beso en ese club era casi tan malo como un mensaje de amor en la pantalla gigante de un estadio de béisbol. YAlex lo sabía. Los miraban desde las otras mesas.
– Me alegro -repuso él.
– Le he dado una buena paliza -comentó Katie en un tono demasiado simpático para el gusto de Emma.
– Pensé que íbamos a hablar de esto -susurró Emma, acercándose a Alex.
– Ya estoy harto de hablar.
– Pues yo no.
– ¿De verdad? ¡Qué pena! -repuso él, mirando a su alrededor-. Porque creo que ya es demasiado tarde.
– Tramposo -murmuró ella.
Sabía que él había ganado. Al menos una docena de personas habían visto su calculado beso.
Alex se rió. Después miró a Katie.
– Felicidades por el partido.
Katie sonrió.
– Emma ha tenido problemas esta mañana para concentrarse.
– ¿De verdad? -repuso Alex, acariciando de nuevo su hombro.
El cuerpo de Emma reaccionó de la misma manera. No le gustaba lo que ocurría. No quería que le gustara y no lo entendía.
– ¿Tiene algo que ver con lo de anoche? -preguntó Alex en voz alta y clara.
Dos mesas más allá, las cejas de Marion Thurston se dispararon. Después de unos segundos, sacó su móvil del bolso e hizo una llamada. Estaba claro a quién llamaba. Todo el mundo sabía que Marion se encargaba de proporcionarle historias a la periodista del corazón Leanne Height.
Emma se acercó de nuevo hacia Alex.
– Ahora sí que voy a matarte.
– Pero aún no estás en mi testamento.
