– No me importa.

Alex volvió a reírse.

– ¿Tienes algo que hacer mañana por la noche? Y tú también -añadió, mirando a Katie-. Me han invitado a la fiesta de la Fundación Teddybear en el casino.

– No juego -repuso Emma.

– Pues ya es hora de que aprendas.

– Yo me apunto -dijo Katie-. ¿Hay sitio para David?

– ¡Ah! El famoso David.

– Yo no quiero aprender -persistió Emma.

– Jugaremos al blackjack. Te proporcionaré dinero para apostar -le dijo Alex.

– No vas a…

– Te daré dinero para apostar -repitió él con frialdad.

– Muy bien. ¿Quieres también ponerme un sello en la frente para anunciar que eres mi propietario?

El le levantó la mano y se la besó.

– No, sólo un anillo de diamantes en el dedo.


– Tenemos problemas con la boda -anunció Ryan, dejándose caer en un sillón del despacho de Alex.

– ¿Qué tipo de problemas? -repuso Alex, apartando su vista del informe de los hoteles McKinley que estaba revisando.

– Problemas que tienen que ver con la cadena Dream Lodge y la isla de Kayven.

– ¿El viejo de Murdoch sabe lo de la isla?

– Tiene que saberlo, no encuentro otra explicación.

– ¿Exp1icación para qué?

– Está preparando una oferta para entregarle a las hermanas McKinley.

– Maldito… -repuso Alex poniéndose en pie-. ¿Una oferta por toda la cadena?

– Sólo por el hotel de Rayven.

Alex cerró un instante los ojos y se frotó la nuca.

– ¿Y las hermanas podrían quedarse con el resto?

– Así es -repuso Ryan.

– ¿Cuánto tiempo tenemos?

– Les presentará la oferta el lunes por la mañana.

– ¿Quién te lo ha dicho?

– Adam, de contabilidad. Su cuñado trabaja en Williamson Smythe y allí están repasando los mismos estudios geológicos de la zona que estamos mirando nosotros.

– Y con esa información ha logrado averiguar de qué se trata.

– No, Adam no sabe nada. Yo he sido el que he sacado las conclusiones pertinentes usando seis fuentes distintas. Seguimos siendo los únicos con toda la información.



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