– Soy Alex -repuso él, observando su albornoz, el pelo revuelto y las gafas.

– ¿Qué haces aquí?

No esperaba verlo hasta la noche siguiente, durante la gala benéfica en el casino.

– Pensé que te gustaría ver mis informes financieros -contestó él, mirando el maletín que traía en la mano.

– ¿A las once y media de la noche?

– Dijiste que querías firmar un acuerdo prematrimonial.

Y era cierto, pero no tenía que ser en ese instante. En ese momento lo único que le apetecía era irse a la cama y prepararse para verlo de nuevo a la noche siguiente.

– No estoy…

– No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy -repuso él, intentando entrar en la habitación.

Emma se movió para bloquearle el paso. Justo en ese instante llegó Korissa con el carrito del servicio de habitaciones.

La camarera se detuvo de golpe al ver a Alex.

– ¿Le traigo otra copa?

– Sí, por favor -contestó Alex.

Y entró en el duplex antes de que Emma pudiera protestar. Tenía claro que no iba a hacer una escena enfrente de la camarera, pero no iba a permitir que Alex se quedara.

– Muy bonito -comentó Alex mientras miraba alrededor.

– Gracias -repuso ella con frialdad mientras Korissa dejaba el queso, el vino y las flores frescas sobre la mesa del comedor.

Cuando terminó, la camarera salió de allí y cerró la puerta tras ella. Emma lo miró con dureza.

– Este no es un buen momento.

Alex dejó el maletín sobre la mesa y levantó las manos a modo de rendición.

– Lo siento, pero es que acabo de salir ahora mismo de una reunión -explicó mientras se distraía de nuevo con el atuendo de Emma-. Supongo que tú te has tomado la tarde libre.

– No, la verdad es que no. He tenido una conferencia, varios contratos que estudiar y una reunión con los contables que ha durado hasta más de las diez.

– Pero ahora estás libre -dijo él, abriendo el maletín.



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