
– Es por el dolor.
– ¿Te estoy haciendo daño? -preguntó él, soltándola de inmediato.
– Me refiero a la angustia mental que estoy sufriendo.
– ¡Por favor! -repuso él, agarrándole de nuevo la cintura.
– Buenas noches, señor Garrison -les dijo el hombre de la entrada.
– Buenas noches, Maxim, te presento a mi novia, Emma McKinley.
Su voz se suavizó cuando dijo su nombre, y a ella no se le escapó ese detalle.
– Maxim es el director de la Fundación Teddybear -le dijo.
– Encantada de conocerlo -repuso ella con una sonrisa de verdad.
Su fundación financiaba muchos proyectos para mejorar la calidad de vida de niños enfermos.
– Las bebidas se sirven en la terraza, os sugiero que empecéis jugando al blackjack. El año pasado no se le dio muy bien a Alex, pero seguro que tú le traes suerte -les dijo Maxim.
Alex tomó su mano y le dio un rápido beso en los nudillos mientras entraban en el casino. Emma sufría para mantener la cabeza fría y no dejar que nada la afectara.
– ¿Te apetece tomar algo?
– Un vino blanco.
– Vamos por aquí, entonces -le dijo él, llevándola hasta el pabellón de cristal.
Atrajeron al instante las miradas de los otros invitados. Emma se preguntó si los reconocían. Buscó a su hermana con la mirada, pero sin suerte.
– Creo que hemos perdido a Katie y a David.
– No necesitamos carabinas. Esta noche es para nosotros dos -le dijo con una sonrisa.
Llegaron al bar, y Alex encargó las bebidas.
– Deberías intentar relajarte y disfrutar de la velada. Ella no creía que le fuera posible relajarse en compañía de ese hombre.
– Dentro de unos minutos podrás empezar a gastar mi dinero.
– Nunca he jugado.
– No me sorprende.
– ¿Qué quieres decir?
– Que eres demasiado conservadora.
– No es verdad.
– Sí es verdad -repuso él mientras se alejaban del bar con sus copas-. Pero siempre puedes probar que estoy equivocado. Gástate todo mi dinero jugando al blackjack.
