
Detrás de ellos iba el coche de la policía, donde iban Erin y los gemelos. Detrás de ellos, iba otra persona, conduciendo el coche del hogar de Erin, lleno de bolsas, con ropa como para vestir a un regimiento. Ropa que la gente había donado para los pequeños.
¡Maldita sea!.
Miró hacia atrás y vio a Erin sentada en el asiento del copiloto del coche de policía. En ese momento, pasaron junto a una farola y ella miró a Matt con una expresión burlona, como si supiera exactamente lo que ella estaba pensando.
Que todo aquello era un desastre.
Sí, su agradable vida de soltero se estaba viendo seriamente amenazada. Y no porque se hubiera decidido finalmente a pedirle a Charlotte que se casara con él.
Aquello era incluso peor. Porque sabía que si se casaba con Charlotte, podría seguir llevando la misma vida que llevaba antes y sus compromiso emocional sería mínimo.
Pero el convivir con Erin y los ámelos podía convertir su vida en un verdadero caos.
En ese momento, Matt apartó la vista y miró hacia delante. Rob pisó el freno y los coches que los seguían también disminuyeron la velocidad. Un coche que iba en dirección contraria aminoró la velocidad al verlos.
– Creo que puede ser alguien que quizá quiera hablar contigo- dijo Rob, mirándolo del mismo modo burlón que Erin momentos antes. Si no me equivoco es tu Charlotte.
Su Charlotte…
Otra vez tenía esa sensación de estar atrapado. La sensación que había tenido desde que, cuando tenía trece años, Charlotte había dicho a todo el distrito que él era el hombre con el que se iba a casar. Sí, claro que era Charlotte, en su pequeño BMW rojo. Rob se detuvo y ella hizo lo mismo. Luego cruzó la carretera y fue hacia ellos.
Charlotte tenía un aspecto inmaculado, como siempre. Iba con unos pantalones blancos y una blusa de seda, también blanca. Y su larga melena rubia, la llevaba recogida en una trenza. Parecía lista para una cena íntima.
