
Debo parecer solitaria en la pista de baile. ¿Por qué no he traído un acompañante? Gabriel se ofreció, pero no quería que se sintiera obligado a aletear el baile del pollo con la prima Violet Ruggiero con este calor. ¿Cómo es posible que entre toda la gente de este salón yo sea la única soltera de menos de cuarenta? Alfred, mi hermano, percibe mi desamparo y me toma de la mano cuando la música empieza. Es un poco raro bailar Canyou Feel the Love Tonight con el hermano con quien tienes una tensa relación, pero saco el mejor provecho de ello. Después de todo es un compañero de baile, aun cuando sea un familiar, y una aprovecha lo que hay.
– Gracias, Alfred.
– Bailo con todas mis hermanas -dice, como si marcara en una lista las tareas pendientes para el mecánico de los Tubos de Escape Midas.
Nos balanceamos unos momentos, pero me cuesta dar conversación a mi hermano.
– ¿Sabes por qué Dios inventó a los hermanos en las familias italianas?
– ¿Por qué? -pregunta, mordiendo el anzuelo.
– Porque Él sabe que las hermanas solteras necesitan a alguien con quien bailar en las bodas.
– Será mejor que inventes un chiste mejor cuando llegue tu brindis.
Tiene razón, y no me siento nada bien al respecto. Mi hermano tiene treinta y nueve años, pero yo no lo veo como el maduro padre de dos niños, sólo veo al niño quejica que conseguía sobresalientes y no tenía amigos en la escuela. El único momento en que su humor gruñón se animaba era los jueves, cuando la chica de la limpieza venía y él la ayudaba a fregar el suelo. Alfred era el más feliz en ese momento, cuando tenía el cepillo en la mano y el cubo con el amoniaco.
