– Está haciendo campaña. -Tess revisa el color de sus labios en el reflejo del cuchillo de la mantequilla-. Ya sabes, estas residencias de ancianos pueden ser agradables de verdad.

– ¡No me digas que estás de acuerdo con él!

– ¡Eh! Estoy de tu parte -dice Tess con amabilidad.

– Cada vez que Alfred saca el tema, es como si me apuñalara.

– Eso es porque te preocupas por la abuela. -Tess introduce el cuchillo en una rosa de mantequilla, después la extiende en lo que queda del panecillo de Bob Silverstein-. Y la compañía de zapatos es tu medio de vida.

Mi hermana parece aburrida, lo cual me indica que ella ha tenido la misma discusión con Alfred y no ha llegado a ningún lado. No quiero arruinar la fiesta, así que cambio de tema.

– ¿Qué tal tu mesa?

– ¿Por qué mamá nos ha dispersado como pacificadores de la ONU? ¿No entiende que nos gustamos de verdad y queremos sentarnos juntas? De acuerdo con poner a Alfred y a Clic-clac en la mesa de los «pedantes», pero…

– Llámala Pamela. ¿Quieres una guerra de parientes políticos?

Miro alrededor para asegurarme de que no estén cerca. Alfred lleva trece años casado con Pamela. Ella mide 1,48 y usa tacones de aguja de doce centímetros, incluso en la playa, y se rumorea que también cuando da a luz. La llamamos Clic-clac porque sus tacones hacen este sonido cuando camina rápido, con pasitos cortos.

– La pequeña herencia de la tierra. Nada es más atractivo para un hombre que una mujer que cabe en su billetera.

– Me gustaría ser alta como tú -dice Tess para consolarme-. Por lo menos tienes buen gusto, no como Pam. Sea como sea, ellos son el uno para el otro. Alfred es apático y está claro que Clic no tiene sangre en las venas. Esta cuchara -Tess la esgrime- tiene más personalidad.

Tess mira hacia Charisma y Chiara, que toman las aceitunas negras de los entremeses y las ponen sobre sus ojos. Las niñas se ríen mientras las aceitunas ruedan por sus caras y caen al suelo. Tess les indica con la mano que paren. Las niñas se van, correteando. Tess agita las manos hacia Charlie, su esposo, para que vigile a las niñas. Él está atrapado en la mesa de los «maleducados», escuchando a los invitados quejarse de sus pésimos lugares junto a la cocina.



16 из 381