

Sara Paretsky
Valor seguro
Nº 1 Warshawki
1.- Verano
El ambiente de la noche era húmedo y denso. Mientras bordeaba el lago Michigan con el coche dirección sur, el hedor de los arenques perfumaba ligeramente el aire sofocante. En el parque se veían destellos de pequeñas barbacoas nocturnas. Un montón de luces rojas y verdes se deslizaban por el agua e iluminaban a la gente que intentaba aliviarse del bochorno. Fuera del agua el tráfico era denso, la ciudad se revolvía inquieta intentando respirar. Era julio en Chicago.
Dejé la avenida paralela al lago en la calle Randolph y giré por el río Wabash bajo los arcos de acero del metro aéreo. Aparqué en Monroe y bajé del coche.
A medida que te alejabas del lago, la ciudad era más tranquila. South Loop, sin más atractivo que algunos peep-shows y el calabozo de la ciudad, estaba desierto. Un borracho que se tambaleaba era mi única compañía. Crucé el Wabash y entré en el edificio Pulteney, al lado del estanco de la calle Monroe. Por la noche parecía un sitio horrible para tener un despacho. El mosaico de la entrada estaba sucio y desconchado, y se diría que nunca fregaban el linóleo rajado del suelo. El vestíbulo tiene que transmitir una sensación de tranquilidad a los clientes potenciales.
Llamé al ascensor. Nada. Probé otra vez. Tampoco pasó nada. Empujé la pesada puerta que llevaba a las escaleras y subí lentamente hasta el cuarto piso. Hacía fresco en las escaleras y me demoré unos minutos antes de encaminarme por el pasillo mal iluminado hacia la parte este, donde los alquileres son más baratos porque todos los despachos dan al metro aéreo del Wabash. Aun con aquella luz tan tenue, alcancé a leer el rótulo de la puerta: V. I. Warshawski, investigadora privada.
