La sede de Ajax se hallaba en un moderno rascacielos de cristal y acero de 60 pisos. Visto desde fuera, siempre me había parecido uno de los edificios más feos de la zona de negocios. El vestíbulo principal era muy soso y nada de lo que vi después me hizo cambiar de opinión. El guarda era más agresivo que el del banco y no me dejaba entrar sin acreditación. Le dije que tenía una cita con Peter Thayer y le pregunté en qué piso estaba.

– No tan rápido, señorita -gruñó-. Preguntaré si el señor está en su despacho, y si es así, él la autorizará.

– ¿Autorizarme? Querrá decir que autorizará mi visita. Él no tiene ninguna autoridad sobre mi existencia.

El guarda se dirigió a la cabina que comunicaba con las oficinas y llamó. No me sorprendió que Thayer no estuviera en su despacho. Exigí hablar con alguien del departamento. Ya me estaba cansando de ser femenina y conciliadora y casi amenacé al guarda para que me dejara hablar con una secretaria.

– Me llamo V. I. Warshawski -dije bruscamente-. El señor Thayer me está esperando.

La delicada voz femenina se disculpó al otro lado del teléfono.

– El señor Thayer no ha venido en toda la semana. Hemos llamado a su casa pero no contesta.

– Entonces será mejor que hable con alguien del departamento-. Seguí en mi línea brusca y la secretaria quiso saber de qué asunto se trataba.

– Soy detective -dije-. El Sr. Thayer quería hablarme de un asunto delicado. Si él no está, me gustaría hablar con alguien que sepa en qué consiste su trabajo.

No me pareció muy convincente pero la mujer me dijo que me esperara para que pudiera consultarlo. Al cabo de cinco minutos el guarda seguía sin quitarme los ojos de encima mientras jugueteaba con la pistola, pero la voz sin aliento de la señorita cogió el teléfono. El señor Masters, vicepresidente del Departamento de Reclamaciones, estaba dispuesto a hablar conmigo.



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